Autora: Liliana María Guaca: Licenciada en Ciencias Sociales, MBA y candidata a doctora por la Universidad de Buenos Aires. Ha sido subdirectora de asesorías de la Universidad Pedagógica Nacional, gerente de programas y asesora en políticas educativas del Ministerio de Educación. Su experiencia se enfoca en innovación pedagógica, liderazgo institucional y fortalecimiento de políticas públicas educativas.
La incorporación de la inteligencia artificial (IA) en los entornos educativos ha generado un intenso debate sobre su influencia en el aprendizaje, la creatividad y el rol del docente. Mientras algunas posturas advierten sobre la pérdida de control pedagógico, la dependencia tecnológica o los riesgos para la privacidad, otras destacan su enorme potencial para transformar positivamente los procesos educativos. Lo cierto es que la IA ya forma parte de la vida cotidiana de los estudiantes, por lo que ignorarla o prohibirla no resulta una estrategia viable desde la escuela.
En este escenario, el rol del docente se vuelve aún más relevante. Lejos de ser desplazado por la tecnología, el maestro se posiciona como un mediador crítico, capaz de orientar el uso pedagógico, ético y reflexivo de la IA. La educación tiene hoy la oportunidad de aprovechar esta herramienta para fortalecer la mentalidad de crecimiento, estimular la curiosidad y promover aprendizajes más profundos y significativos, siempre desde una mirada consciente y responsable.
Uno de los principales aportes de la IA en el aula es su capacidad para favorecer currículos más creativos, diversos y adaptables. Los estudiantes aprenden de maneras distintas y a ritmos variados, y la IA permite diseñar experiencias más personalizadas. Puede apoyar la producción escrita, el desarrollo de proyectos audiovisuales o el trabajo colaborativo, facilitando la inclusión de distintos estilos de aprendizaje. Asimismo, en actividades grupales, la IA puede funcionar como un asistente pedagógico que apoye el seguimiento de procesos y la atención a la diversidad.
Sin embargo, el uso efectivo de estas herramientas exige el desarrollo de habilidades básicas en los estudiantes. La formulación de buenos prompts no es solo una destreza técnica, sino un ejercicio cognitivo que implica identificar problemas, argumentar, interpretar información y formular preguntas de calidad. Estas competencias deben ir acompañadas del pensamiento crítico, ya que la IA puede reproducir errores, sesgos o visiones parciales de la realidad. Por ello, es fundamental enseñar a los estudiantes a analizar, contrastar y cuestionar las respuestas que reciben, en lugar de aceptarlas de manera acrítica.
La integración de la IA también puede potenciar metodologías activas como el Design Thinking, que promueve la resolución creativa de problemas reales. Esta metodología permite a los estudiantes pasar de la identificación de un problema a la ideación y el prototipado de soluciones concretas. Con el apoyo de la IA, es posible explorar escenarios futuros, generar múltiples alternativas y transformar ideas abstractas en propuestas tangibles. Este enfoque favorece el desarrollo de habilidades técnicas y socioemocionales, como la comunicación, el trabajo en equipo y la toma de decisiones.
No obstante, el acompañamiento docente sigue siendo clave para evaluar la viabilidad de las propuestas y reflexionar sobre sus posibles impactos éticos, sociales y ambientales. La innovación educativa no puede desligarse de una reflexión crítica sobre las consecuencias de las soluciones que se diseñan y se implementan.
Por otra parte, el avance de la tecnología ha favorecido la creación de nuevas comunidades de aprendizaje, tanto presenciales como virtuales, centradas en la programación, el desarrollo de proyectos y la producción de conocimiento. Estas comunidades permiten el intercambio de ideas, la colaboración entre pares y la construcción colectiva de aprendizajes, trascendiendo los límites tradicionales del aula. Para los docentes, representan una oportunidad de empoderamiento profesional y de construcción de redes que impulsan la innovación educativa desde la base.
Sin embargo, estos espacios también plantean desafíos importantes. La escuela debe promover comunidades digitales seguras, que respeten los derechos de sus integrantes y fortalezcan las relaciones humanas. Desde una perspectiva educativa, es fundamental priorizar la interacción social, el bienestar emocional y el desarrollo de vínculos saludables en entornos mediados por la tecnología.
Finalmente, la incorporación de la IA en la educación abre interrogantes éticos, sociales y humanos que no pueden ser ignorados. La tecnología no debe entenderse únicamente desde su uso funcional, sino también desde sus implicancias culturales y políticas. Si bien los estudiantes suelen manejar con facilidad los dispositivos, esto no garantiza una comprensión profunda de su funcionamiento ni de los riesgos asociados. Por ello, la alfabetización mediática, informacional y digital se vuelve indispensable.
Reflexionar sobre dilemas éticos en el aula permite discutir hasta dónde queremos que llegue la IA en nuestras vidas y cómo podemos orientarla al servicio del aprendizaje, la equidad y el bienestar común. Asimismo, resulta necesario abordar los efectos del uso excesivo de dispositivos y redes sociales en la salud mental de los estudiantes, promoviendo prácticas responsables y conscientes.
En síntesis, la IA no es, en sí misma, una amenaza para la creatividad en el aula. Su impacto dependerá del enfoque pedagógico que se adopte y del rol activo que asuman los docentes. Utilizada de manera crítica y ética, puede convertirse en una poderosa aliada para potenciar la creatividad, fortalecer el pensamiento crítico y preparar a los estudiantes para enfrentar los desafíos de un mundo en constante transformación.
Liliana María. “La doble cara de la IA: ¿creatividad amenazada o creatividad potenciada en el aula?”. Revista Ruta Maestra, página 23.
